Seis horas de batalla campal en Oaxaca
OAXACA. AFP Y DPA
Tras seis horas de choques con gases, bombas incendiarias y chorros de agua, la Policía Federal mexicana fue obligada anoche por miles de manifestantes y vecinos de la sureña ciudad de Oaxaca a replegarse del lugar donde horas antes habían desmontado una barricada de los huelguistas que mantienen paralizada la ciudad desde hace más de cinco meses.
Fueron los enfrentamientos más duros desde el despliegue policial que empezó el domingo en esta ciudad, capital de uno de los Estados más pobres de México. Grupos de habitantes de las colonias populares, incluidas familias enteras, llegaron a la zona de la Ciudad Universitaria y obligaron a los agentes a retirarse.
Horas antes, la policía había logrado controlar allí la última gran barricada de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), la entidad que lidera la extendida protesta en reclamo de la renuncia del gobernador Ulises Ruiz, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), en el poder allí desde hace 77 años.
Los choques dejaron al menos 21 heridos siete policías, 12 manifestantes y dos periodistas, según fuentes de ambos bandos.
El vocero de la APPO, Florentino López, pidió a los habitantes y militantes de la organización que "permitan el repliegue de la policía hacia la zona del aeropuerto" de Oaxaca. "Necesitamos ser inteligentes y permitirles su huida hacia el aeropuerto. Si no en otro momento estaría interviniendo el ejército", dijo a AFP.
Según el portavoz, la retirada de los policías fue ordenada por la secretaría de Gobernación (ministerio del Interior), "pero el pueblo logró replegarlos".
Poco antes de las 8 de la mañana, cientos de policías habían logrado desmontar sin mayor resistencia la última de las cuatro grandes barricadas de la APPO en un cruce vehicular cercano a la Universidad Benito Juárez, donde los opositores tienen uno de sus centros de operación.
Dos horas después, unos 200 jóvenes, al parecer estudiantes, llegaron hasta el lugar y lanzaron bombas incendiarias, piedras y todo tipo de proyectiles a los agentes, que respondieron con gases lacrimógenos y chorros de agua, en una batalla campal. A los manifestantes se sumaron miles de furiosos pobladores.
La policía mantenía desde el domingo un despliegue de 4.500 hombres en Oaxaca, un estado de mayoría indígena, sacudido por una ola de descontento social en reclamo de la renuncia del gobernador Ruiz. La protesta ya dejó 11 muertos desde que comenzó en mayo con una huelga docente en demanda de mejoras salariales y luego se radicalizó.